9.23.2005

Estar de la poesía

He conocido este libro de poemas y canciones de Mauricio Redolés (cuyo título completo es Estar de la poesía o el estilo de mis matemáticas, Editorial Beta Píctoris, 2000) por puro azar, porque llegó a mis manos y sólo tuve que abrirlo y empezar a leer. Del autor apenas sé que nació en Santiago de Chile en 1953, estuvo diez años exiliado en Londres y volvió a su país, y ahora, acompañado de su banda “Los Ex-Animales Domésticos”, se presenta casi todos los week-ends en diversos locales nocturnos santiaguinos (datos extraídos del texto de presentación del libro, cuya edición, por desgracia, deja mucho que desear). El resto son únicamente sus poesías, desordenadas, irregulares, a veces hostiles y otras algo ingenuas, pero tan llenas de fuerza y emociones que son capaces de entablar un diálogo íntimo, a veces desgarrado y siempre firme, con el lector más extrañado y lejano sólo con que este disponga de una pizca de atención. Quiero decir con eso que Redolés escribe y atrapa, consigue que nos quedemos con él sólo un instante después de haberlo conocido.

Estar de la poesía cuenta sobre las torturas, el miedo como una pesadilla que nunca se aleja completamente, el exilio, los recuerdos de una juventud y un país perdidos que no se recuperaron con el regreso muchos años después. En el poema “Un muerto”, Redolés escribe:

la frase más trágica que uno puede oírle a alguien es: “la última vez que lo vi vivo”, (ya de ahí le di la espalda y lo dejé solo). Y cuando a uno le dan la espalda y queda solo si no hay mucho dolor físico en el fondo debe ser divertido estar un poco muerto originando una frase trágica. Dar la vida por un lugar común.

Y versiona el famoso cuento de Monterroso de este modo:

... y cuando
desperté
1973
aún
estaba
allí.

Así se van mezclando la tragedia y la irreverencia con total desfachatez, como un camino de indagación y superación (del horror mediante el humor, por ejemplo) que debe conducir a la poesía. También se mezclan el lenguaje más poético y el argot chileno barriobajero: voces que hablan y cantan, que pelean, preguntan y se responden, lloran, ríen... Por las páginas de este libro pasean Rodrigo Lira y, claro, Nicanor Parra, que para mí siempre será mucho mejor que Neruda (en eso estoy de parte de Bolaño). Parra fue el que dio a la poesía chilena la lucidez a partir del juego, y eso se nota en los poemas de Mauricio Redolés, que muchas veces juega por jugar nomás, pero de vez en cuando atrapa destellos fulgurantes, y con ésos hay que quedarse.

2 comentarios:

  1. Tengo un pequeño estudio sobre la poesía de Redolés que coincide con varios de los puntos que tratas tan interesantemente en tu comentario. Dejo la dirección, por si interesa. Saludo. http://reservacionkitsch.blogspot.com/

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  2. http://anti-poesia.blogspot.com/2005/09/homenaje-las-tapas-mauricio-redols.html

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