12.11.2005

La geografía literaria de Marsé

Recién llegada a Barcelona me decidí a visitar el Kosmópolis, subtitulado Fiesta Internacional de la Literatura, con ocasión de la charla que Juan Marsé y el catedrático Lluís Izquierdo aportan a la serie "Geografías literarias del Raval" (antes Barrio Chino). Siempre he sido reacia a encontrarme cara a cara a los escritores que me gustan mucho por temor a la decepción. No olvido la profunda antipatía que me causó Juan Goytisolo en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona hace ya muchos años. Seguro que el pobre tenía un mal día, estaba cansado y harto de preguntas estúpidas, pero desde entonces una extraña desidia se apodera de mí cuando intento leer sus artículos, ya no digamos sus libros, que devoraba hasta el fatídico encuentro. Por tanto, después de comprobar que a los escritores hay que conocerlos y tratarlos por escrito, soy profundamente escrupulosa y selectiva con las conferencias y charlas a las que acudo.

En este caso, la apuesta era difícil porque Juan Marsé es para mí un escritor muy cercano, del que he leído prácticamente todo, hasta las novelas más flojas como El amante bilingüe. Me queda muy próximo su mundo imaginario mezclado con la realidad de barrio pobre barcelonés, así como sus ideas acerca de la prosa transparente como ideal de escritura -aquélla en la que no repara el lector, porque queda invisibilizada en favor de la historia, pero al mismo tiempo le permite ver lo que lee. Así que mi temor era justificado ante lo que podía encontrarme, pero enseguida respiré tranquila: Marsé parece, más que un escritor, el tipo simpático que uno puede encontrarse en cualquier bar de la esquina, y no tardó en meter en cintura a Lluís Izquierdo, empeñado en ejercer de catedrático en todo momento. El escritor se dedicó a echar por tierra sin contemplaciones las intrincadas simbologías que Izquierdo proponía para sus novelas; incluso amenazó con adoptar la actitud de Juan Rulfo, quien tras una larga disertación de su interlocutor sobre la ausencia de rasgos físicos en sus personajes, declaró escuetamente: "Claro que no tienen rostro. Son muertitos".

Marsé ha sido siempre un escritor de la vida más que de la literatura, uno de los que escogen a Dickens antes que a Joyce. Durante la charla, una vez que Izquierdo optó por callarse, en el público pudimos recrear las figuras del Pijoaparte y de Teresa, y la relación que fraguaron en la Barcelona franquista, en un Raval al que los señoritos acudían atraídos por los bajos fondos, como los Barrales y Giles de Biedma amigos de Marsé. Hoy ya no hay charnegos en la ciudad, sino inmigrantes, y las Teresas no guardan la virginidad como algo fundamental... Hoy Barcelona se ve tan "maca" que a veces no es capaz de mirarse al espejo. Por eso es importante que gente como Marsé sigan vivos y en activo, para recordar qué había antes y de dónde viene tanta modernidad.

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