8.22.2005

Los seres felices

La novela narra en un fin de semana la vida de un matrimonio joven, en que él es el narrador, y donde la familia va apareciendo ya mediante recuerdos y saltos temporales, ya mediante encuentros físicos en el momento de la narración. Así llegamos a conocer el pasado del hombre, y las razones por las que, ya adulto, es incapaz de asumir las riendas de su vida, tomar decisiones y dejar de depender tanto de su mujer.
La lectura de esta novela me ha resultado extremadamente pesada, y voy a intentar explicar por qué. Creo que Giralt Torrente –nieto preferido de Gonzalo Torrente Ballester, qué curioso- nos da demasiados elementos a los lectores, demasiadas facilidades, todo masticado, repetido una y mil veces en forma de interrogación retórica, ejemplos y situaciones paralelas. Son interesantes las preguntas y las reflexiones que plantea el protagonista-narrador, pero...¿es necesaria tanta insistencia? ¿son necesarios tantos ejemplos? A mí me sobra la mayor parte, porque así se entorpece el ritmo de progresión narrativa, y al final lo único que deseamos es que el narrador espabile un poco y se deje de tanta monserga. Dicen los críticos que esta prosa llena de digresiones recuerda a la de Javier Marías. Para mí, es un mal reflejo de ésta, al menos de la que escribía Marías hace diez o quince años –la única que conozco bien. Es verdad que Giralt Torrente muestra una sensibilidad especial para describir matices emocionales, y está bien que lo utilice constantemente como base estructural y elemento narrativo, pero desde luego yo, como lectora, he echado mucho de menos la complicidad y la inteligencia que todo autor debe presuponer a sus lectores, para establecer así un mínimo diálogo, una mínima interacción.

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